Unternehmer

aus Leidenschaft

10 años de empresariado por pasión

¿No hay a veces conflictos de interés?

Brumm: Cualquier modelo diversificado de negocios entraña un cierto riesgo de conflicto de intereses. Lo importan es detectar a tiempo el riesgo y contenerlo. En nuestra empresa lo logramos gracias a que nuestros máximos directivos participan en cada una de las sociedades y, además, a que en Altira y Aragon, las dos sociedades cotizadas en bolsa, participan inversores externos, como Credit Suisse y AXA. Ese permite asegurar la gestión adecuada de riesgos y la liquidación correcta de los servicios.

¿Cuál es su motivación?

Angermayer: El deseo de innovar, de conformar el mundo.

Lange: En las próximas décadas queremos hacer una contribución sostenible al desarrollo de las empresas alemanas y asumir nuestra responsabilidad social, cultural y política como empresa en el mercado nacional. Porque los meros inversores financieros no están en condiciones de hacerlo. Para ello es necesario un horizonte de inversión a largo plazo, que persiga no solo la maximización del beneficio sino también que ponga en el centro de la atención el equilibro de intereses entre todas las personas involucradas.

El 10º aniversario de ABL. Hay muchos motivos para sentirse orgulloso. ¿Cuál es su motivo personal?

Angermayer: Hasta ahora hemos alcanzado mucho, pero para nosotros esto no es más que es la fase inicial de nuestro desarrollo. Sobre todo en un sector tan volátil como el financiero, también en lo que respecta a las personas que actúan. Muchos cambian de empleo cada 2 años. Nosotros trabajamos juntos ya desde hace diez años y lo haremos probablemente hasta el fin de nuestra vida profesional. Aunque somos muy diferentes en cuanto al carácter y en lo que a virtudes y defectos se refiere, sabemos que podemos confiar incondicionalmente en el otro. A la vez nos respetamos de un modo que nos permite adoptar las mejores decisiones en un ambiente de debate vivo y despolitizado.


Dr. Grabmaier:
Somos empresarios por pasión. Nos alegra poder compartir ese entusiasmo con un número creciente de personas – máximos directivos y ejecutivos seleccionados - y que de ahí hayan surgido estrechas relaciones de sociedad y amistad. Ello es aplicable sobre todo a la relación con nuestros socios financieros más importantes, como la familia Silvia Quandt, la cual participa también en algunas de nuestras sociedades. En el fondo, las relaciones humanas son las que confieren un valor a la vida. Aún más en la vida laboral.

¿Y cuál ha sido su error más grave?

Brumm: Permítame que le responda a esa pregunta de modo positivo. Siempre nos hemos esforzado por implicarnos en proyectos y participaciones cuyo fracaso hubiera sido doloroso, pero que nunca hubiera puesto en peligro la subsistencia del grupo o de partes del grupo. En ese sentido somos muy adversos al riesgo, lo cual nos ha preservado muchas veces de cometer graves errores en los últimos años, por más positiva y tentadora que alguna transacción pareciera al principio.

Dr. Grabmaier: Naturalmente hemos cometido una cantidad de errores en estos diez años, pero nunca errores fatales. La causa del error ha sido casi siempre la equivocada valoración de personas, que son, en último término, el elemento decisivo para hacer de una idea un éxito. Hemos invertido en empresas promisorias que contaban con una buena idea, pero cuyos directivos no fueron capaces de aprovechar el potencial. También hemos invertido en empresas cuya idea de negocio no resultó a posteriori tan sólida como parecía al principio, pero cuyos directivos, con brío, creatividad y espíritu empresarial, lograron hacer de ella un éxito. Repito: son las personas la que confieren valor a la vida.

Hay pocas empresas dirigidas por sus propietarios comparables en el sector financiero. ¿A qué se debe esto, a su juicio?

Angermayer: El sector financiero no es en general un sector dónde alguien pueentrevista de ponerse por su cuenta. En realidad, nuestro sector es “anti-emprendendor”. Desde hace más de 100 años, las particulares características del sector han hecho que los bancos pertenecientes a familias o administrados por sus propietarios hayan sido desplazados por grandes sociedades que están al mando de directivos y, en general, cotizadas en bolsa. Creo que esto explica en parte el mal estado actual del sector financiero. Creemos firmemente que las mejores decisiones se toman cuando el riesgo y la rentabilidad van unidos, es decir, cuando aquél que se beneficiará de la rentabilidad de una inversión también corre con el riesgo. Porque solo en ese caso el responsable reflexiona sobre todas las consecuencias de sus decisiones. En muchas empresas en las que sus socios no actuaban como directivos esto ya no era el caso. Los altos directivos podían obtener elevadas rentas en forma de gratificaciones, sin tener que asumir los riesgos correspondientes. O dicho de otro modo, ha sido una invitación a apostar en el “casino financiero” (la llamada “agency theory”). Me atrevería a decir que los bancos se hubieran comportado de otro modo si hubiese existido la relación societaria tradicional, es decir, en la que los responsables de decisiones responden con su propia patrimonio por las pérdidas. No es casualidad que los bancos suizos administrados por sus propietarios se hallen en muy buen estado.

¿Considera que existe el peligro de que la idea de la economía de mercado y de la libre empresa se haya deteriorado por la crisis financiera?

Brumm: Sí, por desgracia. Y todos, tanto políticos, empresarios como banqueros, debemos combatir ese peligro. En general la economía de mercado ha extraído enseñanzas de cada crisis y gracias a ello ha mejorado. Aunque no es un sistema perfecto ni mucho menos, es el mejor modelo económico que tenemos. Los otros modelos han demostrado su fracaso de modo mucho más rotundo y con consecuencias mucho más dolorosas. Y esta vez sucederá lo mismo. En el fondo, el progreso consiste en aprender de las crisis. Y los políticos nunca deben olvidar que la base de la democracia es la libre empresa. Incluso diría que la democracia precisa imperiosamente de la economía de mercado, pero la economía de mercado no precisa imperiosamente de la democracia al estilo occidental, como el exitoso ejemplo de China lo demuestra.